El
amigo Jetlag me levantó a las 6:00 de la mañana, mientras que Merche lo
destrozó durmiendo hasta las 9:00. Envidia eterna a su manera de afrontar el
sueño.
No funcionaron ni las almohadas con arroz que descubrimos en la hotelería japonesa. (gigante uso al arroz). Ni la cama comodísima y habitación silenciosa donde las haya.
No funcionaron ni las almohadas con arroz que descubrimos en la hotelería japonesa. (gigante uso al arroz). Ni la cama comodísima y habitación silenciosa donde las haya.
Bajamos a desayunar y el hotel ganó más puntos a su relación calidad/precio: completísimo desayuno occidental/japonés, con mucha variedad y todo buenísimo. Aunque no tuvieran café espresso ni zumo de naranja natural. Pero el precio que pagamos tampoco lo exigía.
El plan del día era tener el primer acercamiento a Tokyo desde el entorno del hotel. Acercarnos a la lonja de Tsukiji aunque no llegáramos a la subasta de atún, parque de Hibiya y Ginza. Así que nos lanzamos a la calle a pasear porque todo estaba a 10 minutillos del hotel (punto positivo: bien situado)
Ya en la calle, en el primer semáforo nos dimos de bruces con cultura nipona. No solo nadie se toca, sino que ni se invade el Chi (la energía corporal). Se guarda un respeto por el espacio vital del otro y no se estorba, aunque haya que hacer varias filas en un semáforo o en la entrada de un metro.
Llegamos a Tsukiji y brutal.
La lonja de pescado más grande del planeta genera un ambiente de trabajo único, un perfecto caos ordenado. Ir y venir de furgonetillas y una variedad tan tremenda y diferente de pescados que abruma.
Fue un alucine. Te acercas a los puestos, curioseas, ves piezas vivas que pueden matar en el acto y llevártelas fresquitas a casa o a alguna de las cocinas de los puestos de comida de fuera.
Lo curioso es que aunque digan que los trabajadores están acostumbrados a los turistas, creemos que molestábamos un poquillo, pero la educación, el respeto por los demás y querer servir al visitante de esta gente es tan potente, que no hay ni una mala cara si molestas a las carretillas o preguntas en inglés y se frustran al no poder contestarte.
(En la foto de la carretilla sabemos que igual simplemente pone "aquí pescado" pero nos encantan los pictogramas :)
Lo típico en la
lonja es darse un paseíllo por los puestos, alucinar con los negocios anexos (como el cortador de hielo) y desayunar como los pescateros a las 10:00 de la mañana en los puestos de comida que
hay alrededor de la lonja.
Hay muchísimos, y todos aparentemente iguales. Aunque dos resaltan por encima de los demás por la gente que se agolpa en la entrada y nosotros buscábamos justamente esas. Las izakayas (que es como llaman a esta especie de tabernillas en Japón) escriben su nombre sobre telas en la entrada, pero para ayudar al visitante que no sabe japonés, cada una tiene las telas de un color diferente.
Hay muchísimos, y todos aparentemente iguales. Aunque dos resaltan por encima de los demás por la gente que se agolpa en la entrada y nosotros buscábamos justamente esas. Las izakayas (que es como llaman a esta especie de tabernillas en Japón) escriben su nombre sobre telas en la entrada, pero para ayudar al visitante que no sabe japonés, cada una tiene las telas de un color diferente.
Como te decía, habíamos leído sobre un par, la izakaya con telas naranjas y las verdes, nos en esta primera visita nos decidimos por la primera.
El interior era una auténtica izakaya de barrio. barra, hablas con el cocinero directamente, te prepara el pedido delante, no sueles estar más de 30-40 minutos y los camareros hacen bromas con coreanos, tailandeses y, claro está, occidentales.
A nivel gastronómico, nada mal para empezar el viaje. Las mejores piezas de sashimi de toro que hemos probado nunca, y la mejor anguila (Unagui) de mi vida (Mer la detesta). Por las fotos igual suena raro meterse cerveza, sopa de miso y niguiris a las 10:00, pero... estamos de luna de miel y allí habíamos ido a disfrutar! oh yeah! :))
A nivel gastronómico, nada mal para empezar el viaje. Las mejores piezas de sashimi de toro que hemos probado nunca, y la mejor anguila (Unagui) de mi vida (Mer la detesta). Por las fotos igual suena raro meterse cerveza, sopa de miso y niguiris a las 10:00, pero... estamos de luna de miel y allí habíamos ido a disfrutar! oh yeah! :))
Después de picar
algo fuimos paseando hacia el parque de Hibiya, un jardín fantástico justo entre el hotel y Tsukiji (sí, lo has adivinado: Zen, como todo allí). Descansamos un rato en sus merenderos salpicados por todo el jardín, con susurro de agua de fondo, pajarillos. Todo muy bucólico.
Sí, nos pasó todo el rato. En muchos jardines como este, esperas que salga de pronto Tinki Winki y Lala a abrazarte, pero nada.
Lo interesante de este parque, además de ser un remanso de paz en una zona de negocios y estar perfectamente diseñado para el descanso del visitante y admiración de la naturaleza (mundo Zen todo el rato), es la casa del té del centro del lago, y el mismo lago. Una entrada de agua de mar al jardín que con las mareas hace un juego curioso con los puentes de madera. Así como la casa del té que es toda de madera. Muy japonés, precioso todo ;)
Sí, nos pasó todo el rato. En muchos jardines como este, esperas que salga de pronto Tinki Winki y Lala a abrazarte, pero nada.
Lo interesante de este parque, además de ser un remanso de paz en una zona de negocios y estar perfectamente diseñado para el descanso del visitante y admiración de la naturaleza (mundo Zen todo el rato), es la casa del té del centro del lago, y el mismo lago. Una entrada de agua de mar al jardín que con las mareas hace un juego curioso con los puentes de madera. Así como la casa del té que es toda de madera. Muy japonés, precioso todo ;)
Tras este descansito paseamos un rato por el cercano barrio de Ginza, algo así
como el entorno de Madison Avenue en NY, donde están las grandes marcas, centros comerciales
exclusivos y tiendas elegantes.
Un comentario a la primera foto: cuando se ven los carteles verticales en las fachadas son indicadores de los comercios que hay en las plantas del edificio. Al estar tan caro el m2 en Tokyo y directamente no hay superficie, además del bajo comercial, puedes encontrarte una tienda de comida en el 2º, una farmacia en el 3º, luego dos plantas residenciales, y el 4º y 5º un centro estético. Puro Tokyo.
Aquí vemos que el Chi también se respeta con los coches. No dejaron de hacernos mucha gracia los coches, muy pequeñitos y silenciosos.
Tras la paliza de la caminata, fuimos a descansar al hotel. Un comentario a la primera foto: cuando se ven los carteles verticales en las fachadas son indicadores de los comercios que hay en las plantas del edificio. Al estar tan caro el m2 en Tokyo y directamente no hay superficie, además del bajo comercial, puedes encontrarte una tienda de comida en el 2º, una farmacia en el 3º, luego dos plantas residenciales, y el 4º y 5º un centro estético. Puro Tokyo.
Aquí vemos que el Chi también se respeta con los coches. No dejaron de hacernos mucha gracia los coches, muy pequeñitos y silenciosos.
Al llegar, preguntamos por la posibilidad de cambiarnos de habitación para tener vistas a la Torre y Monte Fuji. No solo nos cambiaron sin problema, sino que al preguntar por el sobrecoste de la habitación, nos lo ofrecieron como obsequio Honey Moon o_O ¿podía ser todo más perfecto? de llorar las vistas de la habitación (ya os pasaremos más y de abrazar el director del hotel :)
Descansito con vistas y nos arreglamos para tener la primera gran experiencia gastronómica del viaje (Tsukiji ya nos había chalado bastante, pero este restaurante al que íbamos es una auténtica catedral del sushi en Tokyo, recomendado por todos los amigos asesores consultores especialistas del viaje, solo leer sobre su historia abruma)
Kyubey (ya subiré el comentario completo a 11870) pero fue otro mundo.
El maestro con el que nos fotografiamos es una eminencia del sushi Tokyota. Más allá de dejarnos en sus manos y de alucinar con piezas de sashimi de bonito con ajo, almeja viva, un pincho de atún que pensábamos que era mantequilla por su textura, arenque (como nunca), niguiris de toro... llegamos al plato fuerte... niguiri de langostinos vivos, los corta y limpia en segundos, lo monta en un niguiri para que aún palpite la carne sin piel en la boca. BRUTAL. El carácter del equipo fue fantástico, abierto, perfecto inglés, nada sofisticado para lo que habíamos leído. Otra vez más, quedarnos asombrados por la perfecta combinación de estar al servicio del cliente y sonrisa y buen humor, nada forzado.
Aquí haciendo buenas migas con nuestros compañeros de mesa. Primer tópico por el aire. Los japoneses son muy divertidos y si te vienes arriba ellos te acompañan. Siempre.
Y aquí Merche y yo celebrando en pleno Guinza la experiencia vivida, y eso que solo era la primera jornada completa :) On fire!
