El vuelo a Tokyo
lo cogimos el martes 10 de julio a las 15:30 con un subidón tremendo. Tras seis horas de vuelo a Doha, y dos
horas de transfer, cogimos el vuelo que, tras pasar una noche volando, nos
llevaría a Tokyo llegando a las 20:00.
(cogiendo el avión Doha-Tokyo. 23:00 horas - 36 grados, sí calorazo del desierto)
Al llegar al aeropuerto de Narita en Tokyo, tardamos muy poquito en
adaptarnos (y disfrutar) de algo que sucede en todo el país, el silencio que hay aunque
haya miles de personas cruzando en un aeropuerto, una estación de tren/metro a
hora punta. solo silencio.
Tras habituarnos a no mirar el reloj por si es madrugada y la gente no habla por estar cansada. Cogimos un tren express hasta la estación central de Tokyo, es muy
fácil cogerlo, por lo que si alguien tiene pensado ir que se olvide de coger un
taxi porque no merece la pena.
Las maletas las dejamos en el locking gratuito que había en el vagón para que no molestaran. Detallito más que destacable y otro punto que tardas muy poco en comprender. El país no es seguro, es EXTREMADAMENTE seguro y respetuoso.
Las maletas las dejamos en el locking gratuito que había en el vagón para que no molestaran. Detallito más que destacable y otro punto que tardas muy poco en comprender. El país no es seguro, es EXTREMADAMENTE seguro y respetuoso.
Al llegar a la estación central de Tokyo, todo lo que habíamos leído sobre lo complicado de la señalética y la orientación era verdad. Cuando hay más de 20 salidas al exterior em una estación y un mundo subterráneo construido alrededor de ellas, es fácil que acabes andando más de la cuenta. Pero bueno, ya nos habíamos documentado para no perder mucho tiempo y llegar al hotel.
El hotel en
Tokyo, fue el Park Hotel en la Shiodome Tower en el barrio de Shimbashi, el hotel es bastante nuevo. La torre es un rascacielos de oficinas en el que las últimas
15 plantas son hotel. El barrio es un barrio muy popular, oficinas, residencial... muy poco
turístico, lo cual agradecemos siempre que visitamos una ciudad. No dormir en
el meollo turístico.
LLegamos ya de noche y reventadísimos. Pero sí que nos percatamos de la paz y limpieza del hotel y la habitación era tal cual aparecía en la web. Aunque era pequeña (como en todo Japón) estaba
realmente genial. Al llegar encontramos un detallito de nuestra Cristina
querida, la chica de MonRodó (la agencia de viajes online con la que hicimos el
viaje). Dos botellas de sake, detalle tradicional en japón para celebrar la luna de miel. Qué grande esta chica.
Los detalles no
quedaron ahí, nada más llegar a la habitación, una empleada del hotel tocó a la
puerta y nos dio una nota:
Me quedé sentado. Repito. Muy chalado.
Hacía unos meses, cuando diseñábamos el gastroviaje de novios con Cristina, asesorados por Hiroshi, por Roger Ortuño y por Diego Lasso (si no los conoces aún puedes leer el post sobre la búsqueda de agencias de viajes), buscando restaurantes en cientos de blogs y páginas webs… el Kitcho Arashiyama en Kyoto, acaparaba todos los elogios del planeta: el mejor restaurante de Japón, una referencia mundial de la cocina tradicional japonesa... aparecía como un sueño donde celebrar nuestra luna de miel.
Lo único malo, su complicadísimo proceso de reserva y claro está, la lejanía del restaurante para poder gestionarla bien. Ojito: Tras cumplimentar su ficha de pre-reserva, dejas una tarjeta de crédito por si cancelas te cobran un dineral, te mandan un mail, y esperan tu contestación dentro de un riguroso plazo.
Hasta unos días antes que te llaman para confirmarte la reserva, ahora solo falta cruzar los dedos para que ninguna personalidad quiera ir (Aceptas una cláusula que dice que se guardan el derecho de cancelarte la reserva con aviso previo y pasártela a otro día. Al parecer esto sucede a menudo)
Hacía unos meses, cuando diseñábamos el gastroviaje de novios con Cristina, asesorados por Hiroshi, por Roger Ortuño y por Diego Lasso (si no los conoces aún puedes leer el post sobre la búsqueda de agencias de viajes), buscando restaurantes en cientos de blogs y páginas webs… el Kitcho Arashiyama en Kyoto, acaparaba todos los elogios del planeta: el mejor restaurante de Japón, una referencia mundial de la cocina tradicional japonesa... aparecía como un sueño donde celebrar nuestra luna de miel.
Lo único malo, su complicadísimo proceso de reserva y claro está, la lejanía del restaurante para poder gestionarla bien. Ojito: Tras cumplimentar su ficha de pre-reserva, dejas una tarjeta de crédito por si cancelas te cobran un dineral, te mandan un mail, y esperan tu contestación dentro de un riguroso plazo.
Hasta unos días antes que te llaman para confirmarte la reserva, ahora solo falta cruzar los dedos para que ninguna personalidad quiera ir (Aceptas una cláusula que dice que se guardan el derecho de cancelarte la reserva con aviso previo y pasártela a otro día. Al parecer esto sucede a menudo)
Bueno, a lo que iba, recibir esta carta la primera noche del viaje fue un subidón total. El viaje con esta guinda al "kyoto día de celebración" ya iba a ser memorable sí o sí, pero también estábamos convencidos de que lo iba a ser por muchísimas más cosas.
Con el reventón, picamos algo en restaurante del hotel (tapas bar restaurant para más inri) y directos a la cama, al día siguiente si el jetlag nos despertaba pronto aprovecharíamos para ir a la subasta del atún en la lonja de Tsukiji, eso si el jetlag aparecía.
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