jueves, 16 de agosto de 2012

lecturas de la ceremonia


Si quieres ampliar la información de los autores, clicando aquí puedes conocer mejor a Khalil Gibrán y aquí al gran Pablo de Tarso.


Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios, 13, 4-13. Leída por Lucía Jaén, amiga de Merche


 “Ya puedo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, que si no tengo amor no paso de ser una campana ruinosa o unos platillos estridentes.
Ya puedo hablar inspirado y penetrar todo el secreto y todo el saber, ya puedo tener toda la fe, 
hasta mover montañas, que si no tengo amor, no soy nada. 
Ya puedo dar en limosnas todo lo que tengo, ya puedo dejarme quemar vivo, que si no tengo amor, de nada me sirve. 
El amor es paciente, es afable; el amor no tiene envidia, no se jacta ni se engríe, no es grosero ni busca lo suyo, no se exaspera ni lleva cuentas del mal, no simpatiza con la injusticia, simpatiza con la verdad. Disculpa siempre, se fía siempre, espera siempre, aguanta siempre. 
El amor. El amor NO FALLA NUNCA.”

Lectura del poema Del Matrimonio de Khalil Gibrán Khalil, poeta libanés del siglo XX, leída por Lina Navarro (hermana de Guillermo)


De nuevo Almitra tornó a hablar ¿y qué piensas del matrimonio maestro?
A lo que él contestó: Nacisteis juntos y juntos seguiréis para siempre.
Juntos os hallareis, cuando las blancas alas de la muerte acaben vuestros días.
¡Ay! También juntos os hallaréis, hasta en la memoria silenciosa de Dios.

Pero dejad que existan espacios en vuestra unión.
Y permitid que los vientos de los cielos dancen entre vosotros.
Amaos el uno al otro, pero no permitáis que el amor sea una atadura:
Permitid mejor que sea un mar que se mece en las orillas de vuestras almas.

Colmad mutuamente la copa, pero no bebáis solamente de una.
Compartid vuestro pan, pero sin comer del mismo pedazo.
Cantad y danzad juntos y sed alegres, pero permitid que cada uno también se sienta solo.

Así como las cuerdas de la guitarra se encuentran separadas aunque se entremezclan con la misma música.
Ofreceos el corazón, pero sin que por ello dejéis de vigilarlo.
Pues solamente la mano de la vida puede contener vuestros corazones.

Y manteneos unidos, más no demasiado juntos: porque las columnas del templo se encuentran separadas.
Y el roble y el ciprés no crecen el uno a la sombra del otro


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